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El Foro Social Mundial y la crisis del modelo civilizatorio |
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Pedro Santana Rodríguez Se llevó a cabo entre el 27 de enero y el 1 de febrero en la ciudad de Belém, capital del Estado de Pará, Brasil, la octava edición del Foro Social Mundial. Concurrieron 133 mil participantes de 142 países del mundo, 1400 delegados provenían de comunidades negras, 1900 fueron indígenas que representaban a 120 etnias de nuestra región. Se realizaron 2310 actividades autoorganizadas, los delegados representaban a 5.808 organizaciones, 489 de África, 119 de América Central; 155 de América del Norte; 344 provenían de Asia y de Europa llegaron representantes de 491 organizaciones. De Oceanía vinieron delegados de 27 entidades y de América del Sur vinieron representantes de 4.193 organizaciones y movimientos sociales. 1000 artistas acompañaron el Foro y realizaron más de 200 actos artísticos y culturales. Vinieron más de 3800 periodistas de todo el mundo. Esta impresionante movilización pone en cuestión las afirmaciones que han expresado la debilidad del movimiento altermundialista o quiénes se apresuraron a declarar que el Foro Social Mundial está en crisis. Muchos análisis se están haciendo sobre el significado y la importancia del Foro y de los diversos movimientos sociales que se congregan alrededor del movimiento altermundialista. Sea lo primero señalar que el movimiento de rechazo a la globalización neoliberal lejos de debilitarse se viene fortaleciendo cada vez más. El proceso es lento y sinuoso como corresponde a un período histórico marcado por el declive de paradigmas tanto en el decaído mundo capitalista como en el terreno de los movimientos alternativos que buscan nuevas formas de organización de la sociedad. La caída del muro de Berlín en 1989 arrastro consigo proyectos estatistas, antidemocráticos y poco respetuosos de las libertades civiles y políticas. Ahora la crisis ha llegado al mundo del triunfante capitalismo contra el socialismo real. Precisamente parte de los debates realizados en el Foro Social Mundial realizado en Belém tiene que ver con la profundidad de la crisis y las alternativas que deberían levantarse frente a la misma. Crisis del Modelo Civilizatorio ¿Hasta dónde llegará la crisis, qué es lo que está en cuestión, es sólo una crisis del sector financiero o es más una crisis del capitalismo y del orden social establecido alrededor de sus paradigmas económicos, políticos y sociales derivados de dichos paradigmas? Todos estos interrogantes rondaron en cientos de seminarios, talleres, conferencias y mesas de diálogo y controversia que se realizaron en los cinco días del Foro en Belém. Para miles como Leonardo Boff, uno de los más importantes teólogos de la liberación, que se hizo presente en el Foro y participó en una Mesa de Debate en el marco del Foro Mundial de Educación la crisis no es sólo financiera y tampoco económica. La crisis es la crisis del modelo de civilización que corresponde al capitalismo asediado hoy por múltiples problemas dentro de los cuáles no sólo sobresale la crisis financiera internacional sino también la crisis ambiental, la exclusión y la pobreza. Recordó que Francis Bacon, había proclamado que había que torturar a la naturaleza para sacarle los secretos de su funcionamiento, descubrir las leyes físicas, arrancarle sus secretos, era la consiga de la modernidad. A fuerza de sobreexplotar los recursos naturales, ésta naturaleza ha comenzado a pasar su cuenta de cobro con fenómenos como el calentamiento global que amenaza la propia existencia humana en varias áreas geográficas del planeta. El modelo económico del capitalismo ha impulsado un modelo consumista imposible de sostener. Por una parte genera riquezas y producción y por la otra miseria y opresión. Boff recordó que más de 1200 millones de seres humanos viven con menos de un dólar diario y otros 2800 con menos de dos dólares al día. Actualmente y de acuerdo con un estudio reciente de la FAO, 827 millones de familias se encuentran en la pobreza en todo el mundo. La crisis no es sólo económica sino política y de paradigmas de organización de la sociedad. Por ello los movimientos altermundialistas no deben olvidar que lo que se requiere es un nuevo modelo de organización de la sociedad basado en otros principios que debe dar lugar a una sociedad profundamente transformada. Una sociedad para la cual propuso unos principios mínimos basados en la sustentabilidad en una nueva relación con la naturaleza, una sociedad del cuidado por oposición a una sociedad depredadora de los ecosistemas. Recordó que en la economía del capitalismo es casi inexistente el cálculo de recursos económicos y de inversiones de preservación ambiental. Una sociedad del cuidado, dijo: “Es una sociedad preocupada por el futuro del planeta, de la vida. Una sociedad del respeto en que todo lo que existe merece existir, todo lo que vive merece vivir. Por el contrario la sociedad capitalista es una sociedad de la agresión, una sociedad que irrespeta la vida. Una nueva sociedad en donde los ciudadanos asuman una responsabilidad universal por el futuro de la vida en el planeta. Una sociedad nueva debe basarse en los principios de la cooperación y la solidaridad y no en los principios de la competitividad y la competencia y en la primacía del mercado. Fue la solidaridad la que nos volvió humanos, fue la vida colectiva la que nos hizo libres. Estos cinco principios deberían ser la base de organización de una nueva sociedad”. Pero además de los principios base para la organización de una nueva sociedad se requiere el desarrollo y la puesta en práctica de un nuevo catálogo de virtudes cívicas. Estas virtudes cívicas deben ser la guía práctica de los ciudadanos y de sus organizaciones. La virtud de la hospitalidad en la materialización de la idea de Manuel kant de la República mundial, una sociedad de la convivencia en la que se respete el principio de la diversidad, debemos aprender a convivir con las diferencias culturales, políticas e ideológicas. Una sociedad tolerante en donde se garantice el derecho a la existencia de todos en contra de los fundamentalismos, en contra del terrorismo, es decir, una sociedad pluralista. Una sociedad que tenga como principio básico la comensalidad, en la cual todos estén invitados a la mesa, en la cual todos tengan el derecho y la posibilidad real de estar en la mesa, es decir, en donde haya garantía de subsistencia para todos. Hay evidencia por doquier que la crisis del sistema es profunda y compromete la vida de miles de millones de personas. Ahora bien además de unos nuevos principios o paradigmas de organización de la sociedad hay que responder a la pregunta de cómo enfrentar la crisis aquí y ahora. Diversos escenarios sirvieron para plantear diferentes posturas y propuestas. Quizás uno de los más ricos por los argumentos y por las propuestas, fue el propio Consejo Internacional del Foro Social, que abordó el tema el día 2 de febrero. Grosso modo y desde mi propia lectura, el debate permitió distinguir momentos y miradas sobre la crisis. Una mirada de largo plazo en que el movimiento altermundialista debe insistir es en la superación de un modelo de organización de la sociedad que condena a miles de millones de seres humanos a la exclusión y a la miseria. Evidentemente como lo plantea Boff se requiere de un nuevo modelo de organización de la sociedad que tenga en su base principios como los que él enuncia, pero, la pregunta es ¿cómo avanzar en medio de la crisis hacia dicha meta sin caer en el inmovilismo o en el maximalismo? ¿Cómo, por ejemplo, evitar que los movimientos altermundialistas en sus componentes más radicales entiendan que hay que levantar propuestas de corto y de mediano plazo? Que la presentación de propuestas en el corto plazo que han sido maduradas en los Foros anteriores como el establecimiento de una tasa o impuesto a las transacciones financieras internacionales permitan la creación de un fondo de atención a la pobreza o que se reforme el sistema de la Organización de las Naciones Unidas con miras a establecer una gobernabilidad democrática de la globalización o la reforma drástica y profunda de las instituciones financieras internacionales que tengan como base la defensa de los intereses públicos y no de los intereses de los bancos y de los conglomerados financieros y de las multinacionales, por ejemplo. A estas el ala más radical de la movilización las califica de paños de agua tibia o medidas que buscan salvar al capitalismo y por tanto no caben dentro de sus consignas más inmediatas y por ello se limitan a la convocatoria de la protesta. Y finalmente, hay una serie de alternativas más inmediatas frente a la crisis económica actual. ¿Cómo actuar de manera eficaz para evitar lo que todos los capitalistas quieren que es: descargar las consecuencias de crisis sobre los sectores sociales más pobres y excluidos? Es evidente que las conclusiones de la reunión del G-20 en noviembre pasado, busca descargar el peso mayor sobre los trabajadores y sobre los pequeños agricultores. Los fondos públicos van al rescate de los bancos y no de los ciudadanos deudores hipotecarios, sobre los trabajadores que en la medida en que disminuyen las ventas de autos, por ejemplo, pierden sus empleos. Hay que eliminar el pensamiento de que tanto peor tanto mejor, es decir, aquel pensamiento arraigado en muchos movimientos sociales de que en la medida en que se extienden el desempleo, los lanzamientos y juicios sobre los deudores hipotecarios, etc. aumentará la conciencia revolucionaria de las víctimas del sistema. Por el contrario el punto de partida debería ser el opuesto, cómo se evita que recaigan sobre los hombros de los sectores excluidos y sobre la clases medias y los trabajadores las lacras del desempleo, el hambre, sin que por ello no se convoque a la protesta y a la movilización para exigir precisamente medidas inmediatas que busquen que los efectos perversos de la crisis se descarguen sobre los sectores populares y sobre los países más pobres. Durante el Foro se debatieron y aprobaron por los propios movimientos y organizaciones, movilizaciones para el mes de marzo en Londres donde se realizará una semana de acción global aprovechando la reunión del G-20 donde debutará en la escena internacional el presidente Barack Obama, al mismo tiempo en Abril una Jornada Mundial en Estambúl alrededor de la reunión de los empresarios del agua que propugnan por su privatización. Así mismo, diversas redes anunciaron la realización de una amplia consulta con organizaciones de la sociedad civil norteamericana para ver la viabilidad de una convocatoria mundial en Washington o en New York durante el presente año para examinar alternativas frente a la crisis actual. Ésta propuesta nos parece que es sumamente importante para visibilizar al movimiento y al mismo tiempo para profundizar en la generación de propuestas frente a la crisis y debería ser en los propios Estados Unidos dado que es allí en donde ha estallado la crisis que no es sólo económica sino ética. Esta propuesta deberá ser abordada de acuerdo con los resultados de las consultas con el Foro de los Estados Unidos y con redes y organizaciones sociales norteamericanas. En medio de la crisis el Foro Social Mundial se afirma como el espacio más significativo de las luchas altermundialistas. Ahora hay que ver cómo se avanza en medio de la crisis de la globalización neoliberal buscando que emerjan nuevas alternativas democráticas tanto en el orden político como social. Hay que destacar igualmente la importancia que tuvo la presencia de cinco Presidentes en el Centro de Convenciones de Belém y el diálogo con los movimientos. El altermundialismo finalmente viene entendiendo que se requiere un diálogo a fondo con los sectores progresistas que gobiernan en algunos países. Este fue un buen comienzo en esta agenda de debates. Bogotá febrero 13 de 2009 |
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