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¿Qué busca el Polo en Medellín? |
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Jorge Suaza Barrera Es la pregunta que me hago y se hacen miles de demócratas que contemplamos sorprendidos las posturas políticas de la dirección del Polo en Medellín, especialmente la del doctor Carlos Ballesteros, concejal de la ciudad a quien le di mi voto con la esperanza que por su trayectoria como abogado laboralista, adelantará una acción política orientada a ampliar los espacios democráticos que en la ciudad se han conquistado. Miramos sorprendidos, porque el propósito que a corto plazo había tenido la izquierda, además del logro de sus postulados estratégicos, era quitarle a los partidos tradicionales, a la derecha y a la mafia, el control del Estado y el poder de las administraciones locales. Era acabar con la corrupción en la administración de los recursos públicos, para lograr que éstos fueran destinados a resolver los problemas de miseria, salud, educación y empleo que afectan con mayor rigor a los más pobres, a los más débiles. Era acabar con los comportamientos criminales que persiguen desde la administración pública a los que disienten, a los que protestan, a los hombres y organizaciones que públicamente admiten sus creencias políticas, sus convicciones religiosas y su orientación sexual. En Medellín, estos propósitos en los últimos años, se habían convertido en un sueño difícil de alcanzar, por cuanto la ciudad pasaba por una larga y horrible noche en la que los alcaldes y los funcionarios de primer nivel, así como los contratistas e interventores se llenaban los bolsillos a punta de comisiones, obtenidas en contratos leoninos, en el robo y dilapidación de los recursos públicos en fiestas y bacanales: basta recordar las comisiones y la vajilla de Luis XV, los negocios de Sergio Naranjo y sus propuestas de privatización de las Empresas Públicas y los contratos para la construcción del metro, en cuyo proceso se pagaron jugosas comisiones y se compraron lotes a precios exorbitantes. En este período abundaron los asesinatos y las desapariciones: los agentes del Estado, civiles y militares, con el propósito de defender el estatu quo que los beneficiaba, asaltaban las sedes de las organizaciones civiles, inundaron de matones las universidades, perseguían y mataban a sus líderes y practicaban una cruzada contra los sueños libertarios de miles de jóvenes y de ciudadanos demócratas. Fue así como clausuraron colegios como el liceo Antioqueño, asesinaron a Héctor Abad Gómez, a Felipe Pineda a Leonardo Betancur, a José María Valle, organizaron la operación Orión y mataron y desaparecieron a miles de líderes barriales. Fue la época en la que a los desposeídos, a los miserables se les colocó el mote de desechables, se hicieron “campañas de limpieza”: los mendigos, las prostitutas y los homosexuales eran asesinados en las aceras de la ciudad con la mirada cómplice de los Alcaldes y funcionarios del Estado. Fue la época en la que los puestos públicos eran ocupados por personajes que imponían los directorios; los hospitales y centros de salud de carácter público eran asaltados por las mafias y sumidos en una crisis que los puso en cuidados intensivos; el apoyo al deporte y a la educación pública era marginal y los proyectos de inversión eran elaborados en función de los intereses de las mafias que gobernaban la ciudad. Fue la época en la que desde la Alcaldía se creaban graves problemas de movilidad por la ejecución de políticas sobre el transporte público que beneficiaban a los monopolios del mismo y a la familia que era dueña y señora de las instituciones que ejecutaban dichas políticas. Fue la época en que los alcaldes gobernaban a punta de componendas con personeros de la corrupción y los programas de Gobierno eran sólo instrumentos de agitación electoral por cuanto en el ejercicio del mandato, los intereses mafiosos le imponían al elegido, el programa que le beneficiara a él mismo. En medio de esta oscuridad, la izquierda, los demócratas y sus organizaciones, resistían valientemente y ponían en juego su capacidad dialéctica para analizar y protestar contra todas las políticas y acciones que desde el poder se establecían para perpetuar este régimen de inequidad y de oscurantismo. La izquierda tuvo un comportamiento valiente en la que puso la denuncia y la protesta social en el centro de la acción política. Se convocaban marchas, huelgas, paros cívicos y se hacían miles de denuncias políticas. Sin embargo, éstas acciones, a pesar de su justeza no despertaba la solidaridad de un número suficiente de ciudadanos, que permitiera una apertura democrática en la ciudad, debido a que no estaban acompañadas de una propuesta positiva que lograra poner a soñar a los habitantes con la posibilidad de practicar la decencia y la honestidad en la administración de los recursos públicos, solucionar las necesidades de los más pobres, expresar y defender los gustos, las creencias religiosas y las convicciones políticas, sin que desde la Alcaldía se diseñaran políticas para perseguir a quienes disintieran de las creencias oficiales. Ante esta falta de propuestas de cambio, llegó el discurso de Álvaro Uribe Vélez, quien con la ayuda de los medios de comunicación logró hacer creer a los colombianos, que las FARC eran los mensajeros de Satanás y que por lo tanto, con su victoria los colombianos viviríamos en un paraíso de paz y se lograría hacer de Colombia un país de propietarios; También prometió - interpretando el rechazo que la población tenia contra los políticos-, acabar con la politiquería y el clientelismo, sumiendo a la población en una especie de embrujo, que le permitió utilizar todo tipo de métodos para feriar el patrimonio nacional, cercenar las conquistas sociales, entregarle a las multinacionales nuestros recursos nacionales y privatizar sectores estratégicos del Estado. Se fortaleció una cultura mafiosa con apoyo popular que consideraba que las masacres, las desapariciones y los métodos brutales como el cercenamiento de personas con motosierras, permitirían vencer rapidito a las FARC y por ende podían considerarse como acciones necesarias para alcanzar la paz. Así, con la generalización del terror, y la persecución de quienes se expresaban contra estos métodos y contra esta política lograron controlar las organizaciones sociales. Fue tan grande el número de organizaciones políticas que apoyaban al Presidente en Medellín, que parecía imposible quitarle a los seguidores de Álvaro Uribe el control del Gobierno local. Sin embargo, el grupo liderado por Sergio Fajardo y Alonso Salazar, alejándose de los métodos contestatarios que había usado la izquierda, logró convencer a un número significativo de ciudadanos, que era posible gobernar con decencia la ciudad, que los dineros públicos eran sagrados, que no se podía tolerar a los corruptos y que se podía gobernar a la ciudad con un programa de Gobierno incluyente y democrático. Rechazaron las componendas y las transacciones previas para repartir el poder, se dedicaron a difundir a la población sus propuestas políticas y abrieron la posibilidad de que cualquier ciudadano u organización política que compartiera sus propuestas los acompañara. Cuando fueron elegidos, el presupuesto de la ciudad que antes se elaboraba con la clientela y los contratistas previamente escogidos, se elaboró con la participación de las organizaciones sociales. Los contratos de obra pública que antes tenían dueños, fueron hechos mediante procesos transparentes de licitaciones públicas en los que se escogían los contratistas que cumplieran las normas establecidas en la ley de contratación. Cambiaron la entrega de cemento, tejas y ladrillos mediante las cuales, los alcaldes y los políticos comprobaban conciencias, por viviendas de interés social, por colegios de primer nivel, por becas universitarias para estudiantes pobres, por parques, bibliotecas, por escuelas populares del deporte centradas en los estratos 1, 2 y 3, por canchas y por centros de salud. En vez de dilapidar los dineros públicos en reinados, crearon el premio a la mujer emprendedora y nombraron funcionarios encargados de hacer valer los derechos de la mujer y de las minorías sexuales. Emprendieron campañas de educación política para que los ciudadanos no vendieran su voto y elaboraron una política cultural de amplio alcance, en la que se destacan la feria del libro, el apoyo a los periódicos de las comunas, las ferias de las flores y el apoyo a los artistas de la ciudad. Apoyaron el proceso de reinserción elaborado por la presidencia bajo el compromiso de que los reinsertados no volvieran a delinquir, denunciando a poderosos jefes paramilitares que seguían cometiendo crímenes en asocio con políticos tradicionales que no se resignaban a la pérdida del control de los recursos que tenía el municipio. Marcharon con quienes condenaban los métodos de las Farc, contra el paramilitarismo y brindan apoyo decidido para rescatar los cadáveres de las víctimas de la comuna trece que están desaparecidas y han manifestado su compromiso de contribuir para que éstos delitos no queden impunes. Públicamente rechazaron a los parapolíticos y demandaron de la justicia castigos ejemplares y realizaron campañas de educación política, para que los ciudadanos no vendieran su voto. Estas acciones, para cualquier demócrata tienen un alto valor, es empezar a salir de la horrible noche autoritaria y sin libertad; es contar con espacios para que la izquierda presente sus propuestas de ciudad, sin que desde la Alcaldía se le persiga. Estos logros democráticos, para la dirección del Polo y para el Concejal que lo representa, son puro Uribismo y por ello deben ser despreciados y combatidos. Con la creencia de que el mundo de la política en Colombia está dividido en Uribistas y Antiuribistas y que quienes no se declaren públicamente como enemigos del TLC y del Gobierno de Uribe, son Uribistas, han desatado un ciego rechazo a estos logros y una rabiosa oposición a Sergio Fajardo y especialmente a Alonso Salazar. Este comportamiento de los dirigentes del Polo en Medellín, es fruto de una política contestataria, poco elaborada con la que no se difunde el ideario político del Polo, y se desaprovechan los espacios políticos que se han creado para difundir propuestas de ciudad y para poner a prueba su capacidad para gobernar. No se dan cuenta que la concepción con que Sergio y Alonso han gobernado, por su contenido, es contraria al Uribismo en temas fundamentales: El Presidente ha gobernado con un programa neoliberal de apoyo a los ricos, privatizador de la salud, la educación y del Estado mismo. Fajardo y Alonso han gobernado con un programa de gran contenido social, que fortalece al Estado especialmente a las empresas públicas, a la educación y a la salud pública. El Presidente gobierna con métodos autoritarios, irrespetando a los jueces y al Legislativo, mientras que Fajardo y Alonso lo hacen con métodos democráticos, ellos gobiernan con absoluto respeto por las demás ramas del poder público. Los funcionarios del Gobierno Nacional son escogidos por los directorios, los del Gobierno local vienen de las universidades y de las ONGs. Uribe gobierna con las iglesias, el Alcalde defiende el Estado laico. Uribe condena el aborto, la dosis personal y el matrimonio entre parejas del mismo sexo, mientras que Alonso y Fajardo las defienden. Uribe criminaliza la protesta social, Fajardo y Alonso la defiende como un derecho. El Presidente persigue a las ONGs, Alonso las respeta y se apoya en ellas. Uribe acepta el apoyo de políticos relacionados con los paras, Fajardo y Alonso los rechazan. El concejal Ballesteros, argumentando que el actual Alcalde no recoge el ideario del Polo, se ha unido con representantes de grupos políticos que tienen a varios de sus miembros en la cárcel, acusados de paramilitarismo, para impedir que la alcaldía de Alonso se consolide: Cuando el Alcalde ha denunciado que sectores mafiosos se han aliado con políticas tradicionales para adelantar un complot contra su mandato, el Concejal del Polo a pesar de las evidencias, lo desmiente asegurando que dichos personajes lo que hacen es control político. Ante la propuesta de la administración de hacer obras en la comuna del Poblado mediante el cobro de valorización, en los cuales los estratos 1, 2 y 3 no pagarán esta contribución, el Concejal del Polo propone que dichas obras se financien con las utilidades de las empresas públicas, convirtiéndose en vocero de los ricos que viven en esta comuna, que con el número de vehículos que poseen por familia, han creado un delicado problema de movilidad en la zona. Con la decisión de no dejar gobernar a Alonso, el Concejal del Polo se ha sumado a debates insulsos contra el Secretario de Cultura Ciudadana, por no cantar el himno Antioqueño y por según él, irrespetar a Montecristo, al que considera como un icono de Antioquia. Con este mismo propósito el concejal ha liderado debates contra proyectos inexistentes de privatización de compañías de las Empresas Públicas de Medellín. Esta oposición se está haciendo de manera ciega sin un análisis objetivo de lo que significan para la ciudad las administraciones de Fajardo y Salazar y de los espacios que han generado para la lucha democrática. Se ha hecho también con desconocimiento de la gestión que Alonso Salazar ha hecho durante su vida, ya sea como activista popular o como escritor. Parece que no tiene importancia sus antecedentes de luchador por la democracia, su contribución a la creación de importantes ONG´s, como la Corporación Región, y la Corporación Ecológica Penca de Sábila y de su participación en los programas dirigidos por María Ema Mejía, como Arriba mi Barrio, con la cual hizo grandes aportes para que la ciudad entendiera la violencia cicarial creciente que se presentaba en las comunas. Tampoco parecen tener importancia los libros que ha escrito en los cuales muestra las vidas de las mujeres de fuego, de los que no nacieron pa´ semilla y de la parábola de Pablo, en el que desnuda las relaciones de importantes políticos con el Cartel de Medellín. Tampoco tiene importancia el apoyo público que destacados y comprometidos demócratas como Alfredo Molano, Héctor Abad Faciolince, León Valencia, Natalia Springer y Patricia Lara, entre otros connotados opositores de Uribe, le han dado, destacándolo como un hombre serio y honesto. Menos aún tiene importancia el apoyo público que un significativo número de militantes del Polo le da a Alonso Salazar en su confrontación con el ex alcalde Luis Pérez y el ex fiscal Valencia Cossio. Es claro que Fajardo y Alonso han cometido errores, que la ciudad tiene muchas cosas que resolver y que para hacerlo desde la Alcaldía se podría hacer mucho más: sigue la violencia, la miseria, el desempleo, la falta de oportunidades, la falta de planeación, el crecimiento desordenado de la ciudad, los paramilitares, los temas ambientales etc., pero ello no desdibujan la importancia de los logros alcanzados y para justificar un comportamiento político que contribuye a que los Naranjo y los Pérez vuelvan a controlar el poder político de la ciudad. Considero que para que el Polo se convierta en una alternativa de Gobierno además de difundir su ideario, debe corregir el error de ponerse camisas de fuerza que lo obligan a practicar una oposición ciega y atreverse a poyar lo que le sirve a los ciudadanos y especialmente a los más débiles, confrontando de manera decidida lo que perjudique a la democracia y a los sectores populares. El Polo en Medellín debe ser consciente que mientras ve Uribismo por todos los lados y se aísla de la gente, quienes hoy gobiernan la ciudad, consolidan su proyecto político y están ocupando el espacio que también quiere ocupar el Polo, como alternativa al Gobierno de Uribe. Debe ser también consciente que la estrategia que adelanta el régimen para desprestigiar a Alonso, es la misma que se está utilizando contra Samuel Moreno y contra los alcaldes que gobiernan con independencia y sin las mafias, los politiqueros y los corruptos. |
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