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La Minga continúa caminando el territorio colombiano |
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Jorge Caballero Fula La Minga sigue dando sorpresas positivas, más de 30 delegaciones de organizaciones campesinas, sindicales, afros, urbanas, estudiantiles y de derechos humanos asistieron a la jornada de evaluación programada para los días 20 y 21 de febrero del año en curso. Cerca de 200 personas llegaron desde diferentes partes del país al Territorio de Convivencia, Diálogo y Negociación de la Sociedad Civil, como se conoce al resguardo Guambiano de La María, Piendamó, donde presentaron sus análisis y debatieron frente a lo que la agenda llamó puntos débiles, evaluaron el tema de los acuerdos y compromisos que tiene el Estado colombiano con el movimiento social, confirmaron las vocerías del proceso y formularon una agenda de continuidad. Con un gran aplauso La Minga rindió homenaje a Edwin Legarda y Taurino Ramos, así como a otros compañeros asesinados y a los cientos de heridos víctimas de la política represiva de la Seguridad democrática del Gobierno Uribe, durante los procesos de movilización social que reclaman garantía de sus derechos. El espacio abierto de la María, que aún guarda las cicatrices dejadas por la acción de la fuerza pública en dos eventos de resistencia ejemplar: la Cumbre de Organizaciones Sociales (2006) y el inicio de La Minga de Resistencia Social y Comunitaria de octubre 2008, permitió aplicar la metodología participativa de la que ha hecho gala éste proceso. Allí las organizaciones presentaron sus evaluaciones realizadas con anterioridad a esta convocatoria. Luego la plenaria se dividió en 5 grupos de trabajo para abordar 3 bloques de discusión, referidos, I. Unidad estratégica y temática; II. Coordinación operativa, y III. Agenda de compromisos. Memoria de la jornada de octubre y noviembre 2008 Ha sido claro que La Minga de Resistencia Social y Comunitaria representó un salto cualitativo para los procesos de unidad popular del país y un ejemplo, en asuntos de toma de decisiones. La experiencia itinerante de movilizaciones anteriores, permitió acordar en cada momento, dependiendo del tiempo, del sitio y de la misma actitud institucional, la acción más ajustada a las necesidades y a la capacidad de la gente. La guardia indígena jugó un papel destacado, dando ejemplo de disciplina, simbología y delegación de responsabilidades para asuntos de seguridad. Los demás sectores sociales que caminaron la palabra, incluyendo a los estudiantes en las universidades, esperaron las decisiones de la comisión política y observaron en la guardia la guía más práctica para cada movimiento que se requería. Una particularidad a destacar, la gente de cada organización delegaba responsables que coordinaron sin alterar la dinámica de este proceso. La Minga de Resistencia Social y Comunitaria, tuvo varios momentos claramente identificables: la operación Guadua, que finalmente, a nivel de coordinación quedó sólo en el nudo de la María, espacio de confrontación, donde el Estado quiso mostrar su alto nivel de efectividad represiva, alcanzando a mostrar su ineficiencia en cuanto a garante de derechos y su alta irresponsabilidad referente a directrices de conducta democrática. 1. Un asesinato, más de 150 heridos, varios de ellos con lesiones irreparables por el uso de explosivos y armas de fuego por parte de la fuerza pública. Sumado a lo anterior la actuación de ejércitos de ocupación que saquearon casa, quemaron enseres, destruyeron huertas, motos y vehículos, forzando el desplazamiento de cinco familias indígenas y cuatro campesinas por más de 20 días. 2. La decisión de retar al presidente Uribe, citándolo a Cali, en una clara exigencia de cumplimiento de su palabra empeñada, cuatro años atrás cuando amenazó al Congreso itinerante de reprimirlo si obstaculizaba la vía o de realizar un debate público en caso contrario. Aquella vez, igual que ahora, una marcha superior a 40 mil personas sorprendió al país y al mundo en un ejemplo de disciplina, convocatoria y calidad política; sin embargo, la palabra presidencial dejó entrever su capacidad para el engaño. A La Minga se le comparó con la Gaitana y Añasco. El presidente Uribe fue acertado desde la idea de que los hechos mostraron la vulnerabilidad de estos dos personajes funestos; la opinión pública, al igual que los indígenas de mil seiscientos que vieron en el español un ser débil como cualquier individuo, ahora reconocían que Uribe no era infalible; por ello se le vio y oyó a través de televisión, correteando y mintiendo en el CAM, tratando de convencer a los Mingueros, megáfono en mano, de que hablaran con él, lo cual no fue posible porque la dignidad social se retiró del parque al conocer que el presidente trataba de dividir la actividad apoyado por personajes como Mauricio Puerta. 3. El regreso de La Minga al Territorio de Convivencia, Diálogo y Negociación de la Sociedad Civil, con el objetivo de lograr que la fuerza pública desistiera del allanamiento irregular que tenía sobre el resguardo de la María desde 10 días atrás, fue una decisión acertada, pues logró que el presidente Uribe aceptara el debate. Allí quedaron identificadas las expectativas de las partes; un Mandatario invocando la Patria y el respeto a los símbolos, desde el reclamo a los presentes que se sentaron al escuchar las notas del Himno Nacional; y una Consejera que invocó el respeto para la dignidad y la vida, recordándole al país que la fuerza pública, unos días antes había cortado las astas de las banderas de Colombia y del CRIC, las cuales habían sido quemadas en un acto insólito de triunfo del Gobierno sobre la población civil; afirmando que el permanecer sentados fue simplemente un acto de desobediencia, en el marco de la Constitución Nacional, ante un régimen que no respeta a la población civil. Con todo lo inútil que pudiera parecer la presencia gubernamental, pues sólo tuvo justificaciones para negar los derechos de la gente y disculpar a la fuerza pública ante las violaciones evidentes a los derechos humanos, el debate permitió mostrar al mundo la justeza de las luchas sociales en Colombia, en especial las realizadas por los pueblos indígenas, oficializar La Minga y reconocer la unidad de los sectores sociales movilizados. 4. Las expresiones del transeúnte común al ver La Minga pasar, iban desde la alegría desbordante, el llanto a media lágrima, los aplausos colectivos, las frases cariñosamente combativas, la solidaridad agradecida y hasta el reclamo en defensa del estatuto quo. Por su parte el Movimiento estudiantil recogió el colorido y la simbología ancestral de los pueblos de América y lo fue plasmando en las paredes de sus claustros y en las pancartas de tela y papel que decoraron en adelante sus consignas; para la prensa esta experiencia fue un goce, muchos de ellos nunca antes habían sentido que su instrumento de trabajo se podía convertir en un juguete para aportarle al imaginario social; así avanzaron registrando, atrapándose, algunos hasta disgustaron con sus jefes por recortarles sus informes y en una envidia sana parlotearon con sus colegas extranjeros, quienes sorprendidos danzaban y acompañaban las consignas, en un acto de rebeldía con la llamada neutralidad informativa. Una nueva idea de memoria milenaria recorre el territorio colombiano No se puede negar, La Minga conmovió al país, su paso por la Vía Panamericana en el mismo Cauca, alentó la solidaridad, no sólo de los comuneros, sino que varios Alcaldes que vieron en ella una verdadera expresión de democracia, por lo cual posibilitaron una estadía amable en sus territorios. En el Valle fue factor de definiciones políticas donde hubo tensiones entre la Alcaldía Municipal, la Gobernación del Valle y entre los estudiantes y la rectoría. La impresión dejada en la comunidad universitaria fue positiva y contribuyó para que en otras ciudades se viera La minga como un evento favorable lleno de expresión y vida. Dos acontecimientos mostraron la bajeza del Gobierno central y de la fuerza pública, el primero fue el intento de evitar que La Minga entrara a la ciudad de Ibagué, argumentando que la ciudad estaba atafagada por las víctimas del volcán Machin; el cual, según comentarios, quiso saludar este acontecimiento en una manifestación sísmica que duró varios días. Lo cierto es que la gente de Ibagué esperaba ansiosa el paso de la marcha, por lo cual la Policía de carabineros no pudo detener el paso de los caminantes, quienes dieron muestra de buen comportamiento y lograron desenmascarar al Gobierno, pues no estaba atendiendo a los desplazados como era su deber, sino que por el contrario los tenía presos y hacinados en un albergue improvisado. Y el segundo fue lo sucedido en Chicoral, donde la misma Policía, igual que el Presidente en Cali, megáfono en mano, advertía a la población de la peligrosidad de La Minga; por fortuna la madurez de algunos pobladores logró desmentir las afirmaciones institucionales y posibilitar la realización de un evento público donde las organizaciones campesinas emitieron el acuerdo de trabajar juntos por una reforma agraria integral que cobije tanto a los pobres del campo y de las ciudades. Fusagasugá marco una experiencia sin antecedentes, la rectoría de la Universidad de Cundinamarca no aprobó que los mingueros pernoctaran en sus instalaciones, sin embargo, el compromiso de la comunidad educativa, hizo que las puertas se abrieran posibilitando que más de 8 mil personas permanecieran allí 3 días y 4 noches. Luego en Soacha, La Minga se unió al dolor de los familiares de las víctimas de una política que convierte a los militares en dementes que para aumentar su salario asesinan inocentes. Los cinco puntos de la agenda son consenso social que no había tenido la oportunidad de ser coreado en unidad de los sectores. Los participantes aprendieron que en Colombia los desarrollos de la conciencia universal están aún por ser alcanzados y que por el contrario el Gobierno actual, en materia de derechos, tiene la tarea y el compromiso con el neoliberalismo de regresar al siglo XVIII. Es claro que aparte de altos funcionarios del Estado y gerentes de las empresas multinacionales, nadie en Colombia goza del derecho al trabajo en términos de 8 horas de labor, 8 horas de recreación y 8 horas de descanso; preguntándose ¿cuál será el colombiano común que ha podido gozar de una niñez sin privaciones, una adultez con trabajo y libertades civiles y una vejez digna? En este sentido se pudo comprender la urgencia de reclamar del Estado colombiano ajustar su legislación a los avances internacionales en materia de derechos humanos, exigiendo acoger sin restricciones la Declaración Universal para pueblos indígenas, aprobada por la asamblea General en año 2007, igual que la aplicación al DIH, o las declaraciones universales en materia de vivienda digna, medio ambiente, educación y salud. Se entendió igualmente que el tema de la desobediencia civil se une al repudio a las leyes del despojo, las cuales han sido preparadas y aprobadas por una mayoría de congresistas comprometidos con el proyecto paramilitar, exigiendo del Gobierno Nacional que detenga los cambios que se están haciendo a la constitución de 1991; bajo el compromiso de promover desarrollos legislativos que reconozcan una reforma agraria integral y entienda la salud, la educación, el medio ambiente y el agua como derechos fundamentales. Cumplimiento de acuerdos Otra experiencia que marco significativamente La Minga, fue la reunión con la Comisión Ministerial, frente a la cual hay comprensiones muy diversas, pues van desde expresiones de haber asistido a un verdadero fracaso, hasta opiniones mencionando que nunca antes en la historia de Colombia se había mostrado un Gobierno tan deslucido e incompetente, comentando que tal vez esos Ministros no son nada sin su jefe. Lo cierto es que la imagen reflejada por los funcionarios, una decena en la mesa ministerial y más de 60 asesores, no fue consecuente con los discursos repetitivos y groseros que de forma prepotente, presentaron ante los más de doscientos delegados de organizaciones sociales, los cuales le recordaron al Gobierno los compromisos adquiridos en otros procesos de movilización. Y qué decir de las dos reuniones con los funcionarios encargados de la presentación del cumplimiento de los acuerdos, quienes aparte de querer lucir como sus jefes, lo único que lograron fue dejar en el ambiente que desconocen los acuerdos y los alcances de los compromisos que mantiene el Estado colombiano con las mayorías populares. La Minga camina las calles de la capital del país Las calles de la antigua Bacatá se vistieron de fiesta, la gente se arremolinaba para saludar y solidarse con esa multitud reflejo del país diverso que reconoció la Constituyente en 1991, y nadie supo cómo fue que de un momento a otro la Plaza de Bolívar quedó colmada de gente reclamando ser incluida en éste acontecimiento, querían lucir la bandera rojo y verde y si fuera posible tomarse una foto con los recién llegados, mejor si fueran guardias indígenas o alguno de los voceros de la marcha. Finalmente el pacto entre la CUT y La Minga, recordó que el país se esta movilizando por sus derechos: los corteros de la caña, los camioneros, los estudiantes, los campesinos, los ambientalistas, los afros, los recicladores, los desempleados, los destechados, las víctimas del conflicto y aquellas familias silenciosas que han sufrido las acciones del sector financiero, el cual como pirámides legales ha negado el derecho a la vivienda a millones de colombianos. La Minga continúa El descontento sigue y la Minga continúa, así lo confirmaron más de 180 delegados de 30 organizaciones sociales, procesos estudiantiles, defensores de derechos humanos, comunidades indígenas, campesinas y afros, el pasado 21 de febrero en La María, Piendamó, Cauca, las cuales decidieron citar para el 15 de abril la Comisión Ministerial del Gobierno Nacional con el objetivo que le rinda informe a la opinión pública sobre los avances y las acciones planificadas para dar cumplimiento a los compromisos que mantiene el Estado nacional con las organizaciones sociales que participan de la Minga de Resistencia Social y Comunitaria. Por ahora el compromiso de las organizaciones sociales es con la Minga Humanitaria iniciada por el pueblo Awá de Nariño ante las atrocidades del conflicto armado, el cual continúa el etnocidio de pueblos indígenas en el país, así como las masacres y el desplazamiento forzado de vastos sectores de la población colombiana. Febrero 2009. |
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