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El Político y El Partido |
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Mauricio Castaño Desde hace algunos meses se viene agitando el sonajero político por la carrera hacia la Presidencia de la compleja Colombia. Los líderes políticos tratan de abrirse paso entre sus contendores para ganar el respaldo de sus maquinarias de partido. A decir verdad, lo poco que ha quedado de significancia política de partidos, en la cabeza de los electores, se ha trasladado a las personas de carne y hueso que hacen la política, a los líderes políticos. Ayer, ondear el trapo rojo del Partido Liberal, era toda una identidad con la cual muchos ciudadanos estaban conectados; o identidad era del Partido Conservador de bandera azul, enarbolar el discurso godo, de «sanas costumbres» muy próximas a lo católico. Hoy, los partidos han sido devaluados hasta perder su sello de idearios, y prevalece más el líder que se hace diferenciar por su carisma y su mensaje de salvamento que lanza a sus posibles electores. Es materia secundaria el partido, importa por su maquinaria que moviliza recursos, sin la cual un candidato puede sufrir su aplastamiento. Del más de centenar de partidos políticos de garaje, que existían en Colombia antes de la reforma política, confluían en su dual azul o rojo, al día de hoy quedan menos de 15 partidos difusos en la memoria colectiva de la población, tan sólo resaltan los dos tradicionales y el novel partido de izquierda Polo Democrático. Hoy los mensajes políticos van más dirigidos a configurar un sello de persona y lo que opera de partido es más bien un accesorio de requerimiento legal. O para adoptar el lenguaje propio del mundillo político, son máquinas que producen avales. Sea ejemplo Sergio Fajardo y la Alianza Social Indígena, uno y otro con orígenes y sentires distintos, pero que en su momento de carrera para ganar la Alcaldía en Medellín, tal organización difusa sirvió más como telón de fondo neutro que reforzó una imagen de renovación de la política, que precisamente se presentaba por fuera de ciertas lógicas y vicios de los partidos políticos tradicionales. El actual Mandatario que rige como Presidente del país, tuvo igual dinámica. Se presentó por fuera y prácticamente en contra de los partidos del momento, emergiendo una imagen de figura de Salvador o Mesías para el grueso del electorado y de la población colombiana. Ambos asociaron su imagen a la renovación y esperanza de cambio para los males sufridos. En la contienda actual, Gestos y Palabras serán cuidados para ser encajonados en una figura, en un mensaje contundente, que en nuestro caso particular, estará asociado con mitigar o acabar el miedo a la guerrilla que representa menos del 20% de los problemas nacionales; el otro 80% restante, estará representado en promesas de aliviar el empleo, asegurar cobertura y calidad en salud, accesibilidad a la educación, mejorar el vergonzoso atraso de un siglo de infraestructura vial. La industria, las pantallas de televisión, la radio, estarán en atención en cuál figura es la que mayor registra; la que se imponga, a quién deberán arriesgar en su mayor apuesta, su mayor botín. Y las encuestas, las aproximadamente serias o las pocas serias ayudarán en esta tarea. Todo culminará en una confluencia calculada. Habrá algún candidato que mejor sonría, que mejor funge inéditos gestos de amabilidad, o estará al que se le recomiende controlar sus excesivos manoteos, o quién tendrá sus terapeutas para corregir su incurable dislexia. La poca variedad que se pueda presentar, correrá por cuenta de quien mejor presente y encarne las propuestas de esperanza a los problemas que acosan y degradan la vida de las personas, quien mejor logre convencer si los cambios a llevar van por vía del continuismo fantasmagórico de las actuales políticas de gobierno, y aquí aparecerán como clonados muchas figurillas tratando remedar al modelo original. Al otro extremo, si se quiere poner algo de variedad al aburrido continuismo, estará quien ponga el tono de la diferencia, y entonces se procederá al deshechizo del embrujo de ver sólo en el plomo la solución. De seguro, si se es serio, será una propuesta de un giro de 180 grados. En este aspecto, la disputa estará entre lo que se denomina una propuesta de los independientes con posibilidades de juego reales, entre los que se encuentran Sergio Fajardo, Antanas Mockus y por parte de la Izquierda, en cabeza de Carlos Gaviria, su idoneidad, posturas fijas y su pasado impoluto, ofrecen una alternativa de algo diferente a la continuidad de lo mismo. Que cale o no, dependerá de la química de atracción, de la conexión que se pueda dar en el mensaje político con la ciudadanía. La seducción y esperanza serán claves a la hora de saber quién será el candidato más opcionado. |
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