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La exclusión de los jóvenes en Colombia |
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Jorge Espitia § De acuerdo con Sen y Kliksberg, los jóvenes “son el mayor agente de cambio potencial. Tienen una más alta disposición que cualquier otro sector social a comprometerse con causas nobles, con ideales, con retos colectivos. Están casi expectantes de ser convocados para ello”. Son una cohorte que nació de la “nueva cultura de los ultracambios”. Está acostumbrada a vertiginosas mutaciones, es flexible y desea participar en los procesos de innovación. “En la medida en que se les forme el estímulo que se les proporcione para participar, los valores que reciban, los modelos de referencia que influyan en ellos, estarán conformando los ciudadanos que van a decidir, con su actividad o pasividad, la calidad de los Estados democráticos” . A partir de estas premisas, los cuestionamientos obligados, giran en torno a las realidades de este conglomerado en Colombia y sobre la oportunidad que tiene, para posicionarse como agente de cambio o de agregación de valor, en la construcción de una sociedad moderna. Desde una aproximación a una caracterización de la situación de los jóvenes en Colombia, a partir de los resultados de la Gran Encuesta Integrada de Hogares del Dane, se podría sostener que son pocas las alternativas de “desarrollo” –Oportunidades en términos de Sen – que hoy exhiben este grupo de población. Los indicadores, que advierten elevados niveles de exclusión, son muestra de ello. Pese a estar mejor preparados, reciben una menor remuneración u ofertas no calificadas de empleo, cuando no porque alimentan en mayor proporción el creciente grupo de desempleados del país, condiciones que los mantiene en condiciones de pobreza y vulneración social. ¿Cuántos son? Si consideramos como “jóvenes” al grupo de personas mayores de 15 años y menores de 30, podemos decir que este conglomerado alcanzó los 12 millones de almas en Colombia en 2008. Un 26,5% de la población total. De este conjunto, el 50,4% correspondió a hombres y el 49,6% restante a mujeres. Los empleados Tabla 1. Jóvenes ocupados respecto de total según sexo
Fuente: GEIH, cálculos propios. Tabla 2. Jóvenes ocupados por actividad económica
Fuente: GEIH, cálculos propios. Formación y remuneración En comparación con el resto de la población ocupada del país, los jóvenes presentaron mayores estándares de educación. Mientras que su participación en los niveles de educación inferiores a primaria fue de 20%, en secundaria llegó al 44% y en estudios universitarios al 36% (Tabla 3). No obstante, la remuneración promedio de los jóvenes asalariados en 2008, apenas llegó a $538.543, valor que corresponde al 73% del valor medio que perciben la totalidad de asalariados. En el grupo de los trabajadores independientes, el ingreso promedio de los jóvenes fue de $436.287, mientras que para el total de los independientes el monto alcanzó $570.685. En otras palabras, aunque los jóvenes tienen una mayor preparación, su remuneración es inferior a la del promedio de los ocupados. Tabla 3. Jóvenes ocupados por nivel de educación
1/ Incluye secundaria y media. Fuente: GEIH, cálculos propios. Los desempleados Más de la mitad de los desocupados en el país son jóvenes. En 2008 el porcentaje llegó al 57%. Es decir, que de los 2,1 millones de desempleados, 1,2 millones eran menores de 30 años (Tabla 4). Por género, el 59% del total de las mujeres desocupadas y el 54% del total de los hombres ocupados, correspondió a población joven. Entre la población desocupada con estudios universitarios, el 59% era joven; con secundaria el 67% y con estudios hasta primaria el 32% (Tabla 5). Tabla 4. Desocupados jóvenes por género
Fuente: GEIH, cálculos propios. Tabla 5. Desocupados jóvenes por nivel de educación
Fuente: GEIH, cálculos propios. Jóvenes en condición de pobreza En la literatura existen varios métodos de aproximación a la medición de la pobreza . Aquí nos aproximamos por dos vías. La primera hace uso del cálculo de la mediana. Con base en este cálculo se define que el grupo de trabajadores que perciben un ingreso inferior al 50% de la mediana de los ingresos en 2008 son pobres y los que se encuentran por debajo del 25% de la mediana son indigentes. De igual forma, se utilizó el valor de la línea de pobreza e indigencia que calculó el Departamento Nacional de Planeación (DNP) . El ejercicio determinó que el 50% de la mediana de los ingresos de los cerca de 8,5 millones de asalariados del país fue de aproximadamente $481.600 y de $300.000 para los 8´000.000 de trabajadores independientes. A su vez, el 25% de la mediana de los ingresos para los asalariados fue de $240.800 y para el caso de los independientes de $150.000. Cabe recordar que el salario mínimo legal de 2008 fue de $461.500. En este orden de ideas, en el caso de los asalariados, cerca de 1´300.000 personas recibieron un ingreso por debajo del 50% de la mediana y, por ende, son pobres de acuerdo con el criterio anotado; en tanto que 500.000 no alcanzaron al 25% de la mediana y pueden ser catalogados como indigentes. Entre tanto, en el grupo de los independientes, 1´900.000 trabajadores percibieron un ingreso inferior al 50% de la mediana y 900.000 inferior al 25% de la mediana. De manera agregada, y de acuerdo con este primer método de estimación, 3´200.000 de la población ocupada del país, se encuentran en niveles de pobreza y 1´400.000 en indigencia. Si a este conglomerado se suma el total de desocupados, tenemos que cerca de 5´300.000 personas de la Población Económicamente Activa es pobre. De este total de pobres, el 45% es joven. Es decir 1´200.000 desempleados, 630,000 asalariados y 560.000 trabajadores independientes. A su vez, la línea de pobreza e indigencia, estimada por la Misión para el Diseño de una Estrategia para la Reducción de la Pobreza y la Desigualdad (MERPD) del DNP, que calculó estos valores en septiembre de 2004 en “unos 400.000 pesos y, dado un Engel de 40%, la de pobreza de 1.000.000 pesos”, se constituye en un buen referente una vez sean actualizados, para calcular el conjunto de trabajadores que se encontraba por debajo de estos niveles de ingreso para 2008. Así, con base en estos valores y aplicándolos al conjunto de trabajadores de la Gran Encuesta Integrada de Hogares se encontró lo siguiente: Entre los asalariados, cerca del 88% se encuentra por debajo de la línea de pobreza, eso equivale a decir que cerca de 7´500.000 trabajadores son pobres y 4´600.000 indigentes. En los trabajadores independientes el número de pobres es de 6´900.000 personas y el 79% es indigente. Exclusión rampante Tratando de cuantificar el número de personas que se encuentra en esta encrucijada, nos atrevimos a replicar el estadístico propuesto por Sen y Kliksberg, el cual corresponde al número de personas “fuera del mercado de trabajo y al mismo tiempo fuera del sistema educativo”. Un primer cálculo se realizó, a mediados de 2007, en pleno auge de la economía colombiana. Recordemos que el crecimiento de 2007 fue histórico (7,5%). El otro referente, fue en diciembre de 2008, cuando la crisis económica internacional había permeado nuestro blindaje. En 2007, el número de jóvenes fuera del mercado de trabajo y del sistema educativo era de 4´061.000 personas, un 27% del total de jóvenes. En diciembre de 2008, este valor ascendió a los 5´200.000, un 35% del total de jóvenes. Es un conglomerado que no percibe ingreso o lo percibe esporádicamente. Muchos de ellos no logran iniciar su vida laboral, con lo cual no adquieren experiencia ni capacidad productiva, quedando así en un ciclo virtuoso de reproducción de la pobreza. Dado que los jóvenes afianzan su crecimiento personal y de autoestima durante esta etapa de la vida, el hecho adverso de la exclusión social puede contribuir a truncar dichos procesos, generando problemas psíquicos y de comportamiento social (Sen y Kliksberg) que entre otras, se ven reflejados en los indicadores de delincuencia, criminalidad y destrucción del capital social, fenómenos que suelen ser atacados, ingenuamente, mediante política públicas de corte punitivo que en nada contribuyen con la resolución del problema, en lugar de diseñar mecanismos que aseguren la movilidad social y el desarrollo integral de los jóvenes, como mecanismos expeditos que permitan ser incluidos dentro de un contexto social democrático. Las sociedades deben de tener políticas públicas de inclusión hacia los jóvenes no sólo al mercado laboral sino al sistema educativo; de lo contrario sus políticas deben ser claramente calificadas como un caso de exclusión. Junio 2008. § El autor es candidato a Doctor en Economía de la Universidad de Barcelona. Cualquier comentario se les agradece de antemano y puede ser enviado al correo electrónico jeespitia@hotmail.com
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