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Uribe en su laberinto |
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Natalia Quiroga El próximo 28 de septiembre se celebrará en Bariloche – Argentina la cumbre de UNASUR a la que está convocado Álvaro Uribe Vélez, el tema principal de la agenda son las 7 bases militares que el Gobierno de los Estados Unidos instalará en territorio colombiano. Colombia no la tiene fácil en esta reunión enmarcada por el golpe de estado militar en Honduras que ensombrece la estabilidad democrática del continente. En este contexto la instalación de las bases militares es observada como una amenaza a los países de Suramérica por la privilegiada posición geoestratégica de un país con salida a dos océanos, que conecta a América Central con América del Sur y cuyas fronteras alcanzan a Brasil que además se perfila como una potencia mundial, a Perú, Venezuela y Ecuador. Con estos dos últimos países los conflictos se han exacerbado en el último tiempo. La violación de la soberanía al pueblo ecuatoriano con el bombardeo al campamento de las FARC desató una crisis diplomática regional. El argumento de la guerra preventiva a la mejor usanza Israelí- Estados Unidos consolidó al país como una amenaza para los vecinos, sobretodo cuando esta acción fue dirigida a uno de los países con los que históricamente se han tenido las mejores relaciones, porque Ecuador refugia a la mayor cantidad de población desplazada por el conflicto armado colombiano. También existe una historia de apoyo en muchas de las iniciativas de la CAN Comunidad Andina de Naciones, además de un fluido intercambio comercial. La reflexión regional es que si Colombia trata así a su mejor vecino que se pueden esperar los países con los que no ha existido tanta cercanía. Las acciones bélicas del Gobierno colombiano le dieron sustento a las advertencias que venía haciendo el presidente Chávez acerca de la amenaza que significa Colombia para las democracias progresistas de la región y para la unidad latinoamericana. La gira relámpago que realizó Uribe para apaciguar los ánimos no surtieron efecto; en los países visitados fue recibido en un ambiente de profunda desconfianza, en medio de nutridas manifestaciones y con una prensa que transmitía la idea de un país tomado por los Estados Unidos. En la actualidad para los ciudadanos del mundo es inconcebible que un país que se dice democrático renuncie a su soberanía y aunque en Colombia se olvida todo muy rápido, en el sur del continente los medios se preguntan cómo puede el país que ha construido los campos de concentración y tortura más ominosos de la historia reciente: Guantánamo y Abu Ghraib, “cooperar” militarmente con otro país que se distingue por batir récords en la violación de derechos humanos. El aislamiento internacional América del Sur está hoy en la agenda mundial por la novedad que han significado liderazgos como los de Evo Morales y Rafael Correa con una fuerte presencia de lo indígena en la construcción de su mandato, dos mujeres presidentas por primera vez en la Argentina y en Chile, el liderazgo de carácter mundial que ha consolidado el gobierno de Lula, y por supuesto la solidaridad y controversia que ha generado el presidente Chávez en el vecindario. Estos gobiernos en su mayoría progresistas han sido elegidos por su crítica al neoliberalismo, por sus propuestas de igualdad y justicia social, además por el replanteamiento del lugar del Estado para el control de la economía. Estas coincidencias han contribuido a una mayor unidad regional mediante la profundización de tratados comerciales como los del Mercosur que hoy mediante instrumentos como el Banco del Sur están promoviendo intercambios comerciales directos sin hacer uso del dólar o del euro, lo que en este contexto de crisis financiera mundial es un eficaz instrumento para el blindaje de la economía y para el dinamismo del comercio regional. La importancia de este escenario por la fuerza de sus iniciativas contrasta con la casi desaparición de la CAN por la salida de Venezuela producto de la adición incondicional de los gobiernos de Colombia y Perú al tratado de libre comercio con los Estados Unidos. Así mismo la creación de la Unión de Naciones Suramericanas UNASUR integrada por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guayana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela desde el 2007 con el objetivo de avanzar hacia la integración regional no solo en términos comerciales, está posibilitando el consenso político y social en el largo plazo. Este es un escenario nada desestimable para Colombia porque está en su espacio geopolítico más inmediato; estar fuera implica quedar arrinconada y tener como únicos aliados a los discutidos gobiernos de Perú y México y una relación difícil con los Estados Unidos que a pesar de las bases quiere despegarse de los escándalos de narcotráfico, corrupción y violación de los derechos humanos que seguirán empañando al gobierno de Álvaro Uribe Vélez. UNASUR tiene como uno de sus ejes principales de trabajo el consejo de seguridad que fue una iniciativa del presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, a fin de evitar que se repitan intervenciones militares no autorizadas entre países vecinos, tras el bombardeo colombiano del primero de marzo de 2008 en territorio ecuatoriano. En este escenario Uribe tiene la difícil misión de evitar que exista un pronunciamiento oficial de dicho consejo condenando las bases militares estadounidenses en territorio colombiano. Los efectos que en las relaciones internacionales están teniendo las 7 bases estadounidenses han superado los cálculos de un gobierno acostumbrado a construir enemigos. Una revisión rápida de esta estrategia muestra como su promesa de borrar a las guerrillas en el primer año de gobierno fracasó rotundamente por lo que pasó a señalar como enemigos a todos aquellos que estuvieran en desacuerdo con sus políticas señalándolos como el “apoyo moral de las FARC” con lo que de paso acabó con la distinción entre población civil y combatiente. Ante la suma de escándalos que enlodaban su gobierno constituyó como enemigo principal al gobierno de Venezuela que le siguió el juego encantado con tener un opositor que le permitía trasladar la tensión nacional al escenario exterior. En está lógica el paso siguiente fue el ataque al territorio ecuatoriano lo que generó un grado de cohesión alrededor del gobierno de Correa que Chávez no lograba y que en suma cristalizó una imagen de alta peligrosidad parta el gobierno colombiano. Las bases son en este contexto la copa que derramó el vaso de una región que avanza hacia una mayor integración y que ve en Uribe Vélez y sus acciones violentas la principal amenaza.
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