A propósito del análisis de la crisis de Honduras del Instituto Iberoamericano de Salamanca

Juan Carlos Monedero
Director de Instituto Complutense de Estudios Internacionales

La “objetividad” y el “rigor” de las ciencias sociales con demasiada frecuencia no son sino formas de ideología al servicio de los intereses creados en sociedades desiguales y con democracias de baja intensidad. La ciencia política, especialmente la que insiste en su cientificidad, a menudo da el salto y asume directamente posiciones ya no propias de democracias débiles o delegativas, sino golpistas. Quizá una de las pocas virtudes de las crisis es que clarifican. Cavada una trinchera, cada cual escoge dónde situarse. Pero es una obligación de virtud republicana, denunciar cualquier intento de socavar la democracia. De ahí que nos preguntemos: ¿debe la democracia española financiar con dinero público instituciones al servicio del golpismo? Con el golpe de Estado en Honduras, el diario El país, la Fundación Elcano y el Instituto Iberoamericano de Salamanca, bajo la batuta de Manuel Alcántara, han hecho su elección: al lado de los golpistas.

Veamos el caso del instituto salmantino:

1. Para ellos no hay en su análisis golpe sino “instrucciones imprecisas”, una decisión de la Asamblea Legislativa “por una abrumadora mayoría, que contó con la unanimidad”, y una elección de “un nuevo Presidente”. Además, ratificado por los diputados dos grandes partidos (el bipartidismo, expresado parlamentariamente, se convirtió en un nuevo sentido común científico). Algo, además, que venía incubándose desde hacía tiempo (ay, Zelaya, que llevabas tiempo molestando...).

Así dicen los latinoamericanistas oficiales:

“La crisis política hondureña larvada a lo largo de un año de enfrentamientos entre el Presidente de la República y la Asamblea Legislativa tuvo su momento álgido el pasado 28 de junio. Entonces, un grupo de militares siguiendo instrucciones imprecisas de los poderes Legislativo y Judicial sacó por la fuerza del país al Presidente Manuel “Mel” Zelaya abortando la posibilidad de llevar a cabo una consulta popular de claro carácter inconstitucional para reformar la Carta Magna. Inmediatamente, la Asamblea Legislativa por una abrumadora mayoría, que contó con la unanimidad de los diputados de los dos grandes partidos, procedió a nombrar a su presidente, Roberto Micheletti, nuevo Presidente de Honduras”.

2. Nunca existió una masacre en Centroamérica. Qué inútiles los 50.000 muertos en Nicaragua. Qué inútiles los asesinados por los escuadrones de la muerte, por el ejército, por paramilitares. Para Alcántara se solventa todo esto afirmando que los militares hondureños fueron simplemente “sostén de la política contrainsurgente centroamericana de Washington en la década de 1980”.

3. La democracia no es una cuestión de economía política, de soberanía, de poder popular, de redistribución de la renta, de medios de comunicación plurales, de libertad política, de igualdad de condiciones, sino de diseños electorales e institucionales. Argumentos de guerra fría en 2009: “Las crisis presidenciales que han dado paso a la terminación abrupta del mandato del Presidente es un fenómeno muy relevante que acontece en América Latina desde principios de la década de 1990. Esta es una evidencia que, sin entrar en la discusión teórica que confronta al presidencialismo con el parlamentarismo, señala que el diseño institucional de las relaciones entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo puede ser un factor de potencial inestabilidad”.

4. Pero lo que ha ocurrido en Honduras es responsabilidad del Presidente depuesto. La culpa es de Zelaya, por ir más allá de la verdad incuestionable que dicta el eje marcado por la encuesta de Alcántara (qué desparpajo...) “la posición en el eje que confronta a los partidarios de una economía en la que rija un papel central del estado frente a los que estiman que la centralidad debe descansar en el mercado era bastante extrema a favor de este último en 1997. A partir de entonces los legisladores han ido suavizando sus posturas en las dos legislaturas siguientes. Sin embargo, esta posición media sigue quedando lejos de cualquier veleidad hacia el bolivarianismo que empezó a abra-zar el presidente Zelaya a partir de agosto de 2008 y es una fuente posible de explicación del repudio del Congreso Nacional a los pasos dados por Zelaya”.

5. Micheletti (no el golpista, sino el nuevo Presidente) estaba mejor situado, según las encuestas de Alcántara, para representar al país real: “mientras que Micheletti se situaba en un espacio equidistante entre los valores medios de liberales y de nacionales, Zelaya se apartaba (mínimamente) del intermedio definido por sen-dos valores medios. Tratándose de una medición llevada a cabo en 2006 no puede determinar plenamente el escenario que se daría tres años más tarde, pero puede contribuir a su plausible explicación”.

6. La metodología basada en consultar a los diputados, es decir, la elaboración de datos dentro de una ciencia política al servicio de los intereses creados y que tiene la deshonestidad de presentarse como “objetiva”, lleva necesariamente a donde lleva. Pura ideología presentada como ciencia. Reflejo, bien cierto, de esa concepción de la universidad como un aparato reproductor de sociedades poco democráticas.

7. Al final, en el análisis que propone el Instituto de Iberoamérica de Salamanca, dirigido por Manuel Alcántara, no hay golpe, no hay Estados Unidos como potencia regional que no ha dudado históricamente en apoyar y fomentar golpes de Estado, no hay ALBA como alternativa al ALCA, no hay oligarquías ni globalización neoliberal (nombre renovado del viejo y rancio concepto, tan clarito, de imperialismo). Todo es, supuestamente, inodoro, incoloro e insípido. Muy académico. Los muertos, en Honduras, los ponen otros.

En conclusión, los colegas de Salamanca, de facto, apoyan el golpe de Estado de Honduras.
Sus razones tendrán. ¿O es que no saben lo que dicen? ¿Es que se expresaron mal? ¿Es que no les entendemos bien lo que realmente quieren decir?

Ya no me queda espacio para ingenuidades.

¿Hubiera escrito la politología española un comunicado en caso de un golpe de Estado en, pongamos Alemania, Italia, Francia o Rumanía?

Pues eso: qué vergüenza.

 

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